La valentía es la virtud que nos permite enfrentar con
responsabilidad una situación que evaluamos como riesgosa, pero que,
al mismo tiempo, promete el logro de una meta que anhelamos
alcanzar.
En otras palabras, los seres valientes son aquellos que poseen el
patrimonio moral y de carácter de dar un paso hacia adelante,
dispuestos a correr riesgos, avanzando hacia una meta o propósito
determinado.
Valentía no es la ausencia de miedo, sino que consiste más bien en
considerar que hay algo más importante que el miedo.
La valentía es la madre de la voluntad firme y perseverante. El
miedo sólo puede ser vencido a través de la determinación y la
acción; esto es valentía.
Sin embargo es necesario aclarar, desde la perspectiva y visión de
los valores y las virtudes, que el requisito esencial para que la
valentía sea virtud propiamente dicha, es que tal valor se dirija
hacia el bien o la bondad.
De nada sirve ser valientes cuando dentro de nosotros existen
motivaciones egoístas que impiden considerar con sensibilidad y con
empatía los derechos y las necesidades de quienes nos rodean.
Ejemplos de valentía son: Hablar en público para expresar una idea,
presentarse a una entrevista laboral para mejorar la calidad de vida
propia y familiar, rendir un examen en la escuela, presentar una
tesis en la universidad y defenderla, presentar un proyecto, viajar
a otro país y enfrentar una nueva cultura para servir a una noble
causa, etc.
Mientras más se ejercita este valor en los pequeños asuntos de la
vida cotidiana, derribando las barreras del temor, más valientes nos
hacemos, por lo tanto, busquemos metas elevadas, ideales altruistas,
objetivos claros y de características éticas, que con seguridad
lograremos alcanzar el éxito deseado.