Los
individuos y las familias funcionan dentro del contexto cultural de
la comunidad, que a su vez funciona dentro de una sociedad, nación,
y mundo. El bienestar del individuo y de la familia está ligado con
el bienestar de la comunidad, y asimismo su bienestar es inseparable
de la paz y la prosperidad de la sociedad, la nación y en último
término, el mundo. La educación en valores o el enseñar las virtudes
de la cooperación, la amistad, la justicia, y el altruismo entre
tantas, crean el espíritu de unión a través de la cual la comunidad
puede crecer y prosperar.
La unidad es primero que nada un valor proveniente de lo Divino, una
manifestación de la unidad de la Realidad Última, Dios, quien nos
propone a través de sus leyes y principios un objetivo o propósito
común a todos, el desarrollo de nuestro carácter íntegro, la
constitución de familias nucleares en donde aprendemos los
diferentes tipos de amor (filial, fraternal, conyugal y paternal) y
servir con nuestros propios talentos al propósito de la totalidad.
La unidad en el amor y el amor por la unidad es capaz de reconciliar
aún a aquellos que se hicieron enemigos por la pérdida de esta
visión o meta común.
Hay que destacar una diferencia entre estar juntos, lo cual tiene
que ver más con la cercanía física y estar unidos, que es más bien
una fusión emocional o espiritual. Dos o más personas pueden estar
juntas en una sala de espera leyendo sus revistas o periódicos pero
no unidas. En cambio se puede estar unido a alguien a pesar de la
distancia, como en el caso de un joven que haya emprendido un viaje
para estudiar o trabajar y experimenta una profunda unidad con sus
padres, hermanos y amigos, enviándoles postales, mensajes y
haciéndoles llamados telefónicos frecuentemente.
Por su puesto que un requisito previo para alcanzar la unidad es
compartir un propósito o proyecto en común y estar junto a ese
alguien con quien deseamos tener unidad. Pero a medida que la unidad
se consolida, la cercanía física pasa a ocupar un lugar secundario y
queda incorporado ese vínculo interno que nada ni nadie puede
destruir, a menos que uno lo permita o lo desee.
Para finalizar podemos decir que se produce un desarrollo en espiral
ascendente cuando hay amor verdadero entre las personas, el cual
trae la unidad y favorece el avance hacia una meta o propósito. A su
vez, este desarrollo genera más amor y este amor trae aún más unidad
y así sucesivamente.