La
perseverancia es la combinación entre el esfuerzo y la constancia.
Requiere de un acto de voluntad. Sin embargo, no basta para que sea
una virtud, pues considerando la relatividad de los valores, si se
persevera en un plan de acción egoísta, sacrificando un bien mayor
por el propio beneficio, la perseverancia se convierte en un defecto
(o antivalor) y por el contrario, si se persevera en un plan de
acción altruista, la perseverancia entonces si, pasa a ser una
virtud propiamente dicha.
En este último ejemplo podemos ver dos virtudes complementarias, la
perseverancia y el altruismo. Ambas persiguen una meta en común y se
ayudan mutuamente para existir como tales.
La perseverancia es una virtud fundamental en la vida para obtener
un resultado concreto. Es la habilidad de aplicar la voluntad y el
esfuerzo en una dirección determinada, de manera constante para
alcanzar un objetivo deseado y ser capaz así de superar todo
obstáculo que se interponga en el camino.
A través de ella, los buenos propósitos se vuelven realidad. Muchas
veces empezamos algún proyecto o emprendimiento y no pasan ni
siquiera un par de semanas antes de que lo abandonemos y quede en el
olvido. Esto puede ocurrirnos a lo largo de nuestras vidas en muchos
aspectos.
Con frecuencia en diferentes ocasiones, existe una verdadera lucha.
En la escuela, por ejemplo, tener que levantarse temprano todas las
mañanas, estudiar o aprobar una materia difícil. Perseverar en una
amistad, cuando un amigo o amiga hace cosas que nos desagradan, en
el trabajo físico o intelectual y en muchos otros momentos difíciles
de la vida debemos perseverar para ser exitosos.
Tener grandes proyectos e ideales requiere de este importante
ingrediente de la perseverancia, porque fácilmente sobrevienen
momentos en los que tendemos a abandonar y posponer dichos ideales a
cambio de satisfacciones más inmediatas y pasajeras.
Los miedos, las fobias y la incertidumbre son grandes frenos para
poner en práctica la virtud de la perseverancia, en cambio, la
certeza de propósitos, la confianza en uno mismo y la firme creencia
o fé en que lograremos alcanzar nuestras metas, con una visión y
misión a largo plazo, son poderosos combustibles para ejercer
nuestra voluntad y para poner en práctica la perseverancia.
Una persona puede ingerir grandes cantidades de alcohol porque le
gusta beber, pero sin importarle que su cuerpo se dañe a largo
plazo. Esa miopía psicológica o espiritual provoca que hagamos
grandes tonterías en nuestras vidas por obtener satisfacción
instantánea. El punto es que con la perseverancia, debemos tener la
fortaleza de no dejarnos llevar por lo fácil y lo cómodo, a cambio
de obtener algo más grande y mejor en el futuro.
Si vemos la vida con superficialidad entonces nos dejaremos llevar
por las cosas inmediatas. Cuando hablamos de perseverancia, valdría
la pena tomar un papel y plasmar con claridad nuestros propósitos a
corto y a largo plazo. El problema con los propósitos es que siempre
decimos el "qué" pero nunca el "cómo". Por otro lado, a veces no
conocemos a fondo nuestras capacidades para poder establecer
objetivos que realmente podamos alcanzar.
Cualquier proyecto que emprendamos (una relación afectiva, un
trabajo, un cambio de residencia), debería estar acompañado de un
recuento de los medios con los que vamos a lograr ese trabajo. Si
queremos arreglar una cañería rota, necesitaremos herramientas, y
sería muy necio desalentarnos porque no pudimos llegar hasta la
cañería por el muro con las uñas ¡Hacen falta herramientas!
Esas herramientas son nuestras habilidades, circunstancias,
posibilidades y conocimientos. ¿Cómo aplico mis habilidades,
circunstancias, posibilidades y conocimientos para rendir bien las
materias en la escuela? ¿Cómo intervienen mis posibilidades en ese
nuevo trabajo? ¿Qué se hacer bien? La perseverancia requiere sentido
común.
A cambio de contar con la virtud de la perseverancia obtendremos el
gozo de luchar por lo que queremos. Tal vez no lo logremos de
inmediato, incluso tal vez no logremos algo en el final, sin embargo
es importante disfrutar el camino. La perseverancia brinda
estabilidad, confianza y es un signo de madurez. A veces nos
olvidamos de la sabiduría popular, pero no sería mala idea
reflexionar solo un momento el viejo refrán: “El que persevera
triunfa”