El orden es uno de los valores que
están presentes en toda la creación y que gracias a él podemos
mejorar en todos los aspectos de nuestro diario vivir.
El orden y la armonía, el equilibrio justo entre el pensar, el
sentir y el hacer, son las virtudes que enaltecen el espíritu humano
y lo hacen más productivo y efectivo.
Muchos piensan que en el desorden, se halla la libertad tan
anhelada, sin embargo tarde o temprano, tales personas se encuentran
en un callejón sin salida, con una confusión tal que los lleva al
caos y a la inacción o el estancamiento.
Decimos que el orden es una virtud porque nos permite mejorar la
calidad y la efectividad de nuestra vida. Cuando visitamos una
biblioteca, por ejemplo, la disposición de los libros, ya sea por
orden alfabético, por autor o por título, nos facilita la tarea de
búsqueda.
Igualmente, en el mundo de la informática es sumamente importante el
ordenamiento de las carpetas y/o archivos, pues de lo contrario sólo
perderemos tiempo y energía buscando información infructuosamente.
Existen dos tipos de orden en el cosmos: el orden vertical y el
orden horizontal. El primero es el que hace que el sistema solar
gire en torno al centro de la galaxia, mientras que el segundo
responde a las órbitas de los planetas alrededor del sol.
De la misma manera, podemos comparar el orden en una familia con
estos dos tipos de orden existentes en el universo, es decir el
vertical, que marca el eje que une a los padres, los hijos, los
nietos y la descendencia y el horizontal, es el que une a la pareja
(los cónyuges) y a los hermanos en sus relaciones fraternales. Así
se puede deducir la norma de conducta basada en la virtud del orden
en la sociedad.
Una escuela, empresa comercial, organización social o una nación son
formas extensivas de la familia. Consecuentemente, deben presentar
el mismo tipo de orden, vertical y horizontal. En una escuela, por
ejemplo, los profesores deberían cumplir sus deberes de maestros
amando y educando a sus estudiantes como si fueran sus propios
descendientes; a su vez, los estudiantes deberían respetar y amar a
los profesores. Estas son las normas de conducta verticales en las
relaciones humanas, mientras que el orden horizontal puede ser
percibido entre los compañeros de clase, en donde se reflejan las
virtudes de compañerismo, amistad, respeto, tolerancia, sinceridad,
cortesía, modestia, compasión, asistencia, servicio y comprensión.
El orden, los valores y los diferentes tipos de amor así
establecidos en una familia son el fundamento básico que se extiende
luego en los ámbitos sociales, nacionales y mundiales.
Otra comparación con el orden en el universo es el que establece que
todo cuerpo celeste gira en torno a su propio eje. En la sociedad
humana debemos igualmente afirmar nuestra individualidad y
perfeccionar la personalidad, realizando en nosotros mismos los
valores de honestidad, rectitud, moderación, independencia,
dignidad, integridad, coraje, sabiduría, autocontrol, persistencia,
autoconfianza, etc.
Tales virtudes, entonces, deben hacerse parte de nuestras vidas
diarias. Estas son visiones individuales de valor, o normas de
conducta individuales, que cada persona deberá buscar, ponerlas en
práctica y mantenerlas a lo largo de su vida.
Las leyes cósmicas o universales son absolutas e inmutables; si no
las tenemos en cuenta y las transgredimos, como resultado, seremos
perjudicados. Además, si en nuestras vidas desconsideramos los
valores, consecuencias nocivas y embarazosas incidirán en nuestra
familia, sociedad, nación, mundo, y a nosotros mismos.
Debemos, pues, establecer en nuestras vidas el orden como una de las
virtudes y realizar los valores, con el fin de hacer efectivas la
felicidad, la paz y la prosperidad.