Valores humanos. La inteligencia

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La naturalidadPodemos definir a la naturalidad como la virtud del individuo cuya actuación procede directamente de su naturaleza original, de su modo de ser: es, pues, conducta veraz, sin artificio, sin doblez. Por consiguiente, es natural aquella persona que se expresa y procede con sencillez y lisura, manifestándose tal como es, sin dejarse influir por prejuicios o preocupaciones (en último término de falta de rectitud de intención o de vanagloria), que lleven a tomar posturas premeditadas, afectadas o ficticias, que no responden al carácter de la persona, a sus intenciones reales, a las circunstancias objetivas o subjetivas del momento.

La naturalidad no debería confundirse con el naturismo, el cual es un estilo o modo de vida, ni con imitar o querer aprender de la naturaleza (de los reinos vegetal o animal); sino más bien, intentamos darle a la virtud de la naturalidad una connotación única y propia del ser humano.

Las virtudes que se asocian directamente con este valor son la espontaneidad, la sencillez y la autenticidad.

Practicar la naturalidad en todos nuestros actos cotidianos requiere tomarse el trabajo de mirarse a uno mismo y buscar el punto de menor tensión emocional o física, ya que una actuación “forzada” o “fingida” con el fin de dar una imagen determinada ante la mirada de los otros, puede producir un desgaste innecesario de energía, el cual podría derivar en un desequilibrio en cuanto a la salud o el bienestar general.

Por otro lado, la naturalidad si puede asociarse con la naturaleza cuando procuramos estar en relación con ella a través del cuidado de las plantas, los animales y en la contemplación de la belleza de un paisaje que nos llena de paz y al mismo tiempo de energía y vitalidad.

Mientras más estemos en contacto con la naturaleza, con el aire puro, con el sol y entremos en contacto con nuestro real ser interior, a través de la práctica de la meditación, el desarrollo de alguna actividad artística, los deportes al aire libre, etc. más podremos armonizar con la creación que nos rodea, entraremos en una mejor interrelación con los demás y por consiguiente actuaremos con mayor naturalidad.

AntiestrésPor el contrario, “las junglas de cemento” características de las grandes metrópolis, en donde reina una vida agitada y frenética, el ruido de los medios de transportes, el aire contaminado, y sumado todo esto a la agobiante jornada laboral en la ciudad, por ejemplo, hace que inevitablemente las personas caigan en el stress, el cansancio, la irritación nerviosa y adoptan sin querer actitudes rígidas, tensionadas y cargadas de irritabilidad.

Una solución a este problema de pérdida de la naturalidad para aquellos que viven en las grandes urbes, es permitirse cada tanto un relax, un paseo por el parque más cercano, una escapada a los espacios verdes y unos instantes de verdadera unión con las personas que amamos más allá de toda preocupación puramente material.

Actuar sin máscaras y con naturalidad, es un desafío en estos tiempos en donde “la imagen” exterior está sobrevalorada.

A continuación, un poema de Gilbert Brenson que nos ayuda a reflexionar acerca de este valor y sus beneficios al ponerlo en práctica y ser concientes de su importancia.

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