Valores humanos. La inteligencia

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Si vivimos enfocados en desarrollar los valores y en convertirnos en personas virtuosas, naturalmente llegaremos a un punto en que la madurez será nuestro sello o distinción, virtud que puede definirse como la capacidad de integrar todos los aspectos internos y externos de nuestro ser para alcanzar la realización como persona, en función de todo el contexto o ambiente que nos rodea.

La madurezEs una de las virtudes que se alcanza de forma indirecta, al practicar concientemente otros valores tales como el altruismo, la generosidad, la bondad, la justicia, la laboriosidad, etc.

Tenemos, por un lado, la madurez física, la cual se logra gradualmente por la fuerza misma de la naturaleza, la cual, al igual que las plantas y los animales, nos hace pasar indefectiblemente por diferentes etapas de crecimiento. Como seres humanos pasamos las etapas de la infancia, la adolescencia y la juventud hasta llegar a la edad adulta.

Por otro lado, existe la madurez interior, aquella mental y/o espiritual, que es el resultado de un trabajo conciente de observación, reflexión y práctica de ciertos valores que se incorporarán gradualmente en nuestro diario vivir y esto requiere de nuestra cuota de responsabilidad.

La madurez como virtud está estrechamente ligada a la sabiduría, que une inteligentemente las experiencias agradables y las no tan agradables, con el fin de extraerle valiosas enseñanzas capaces de ser transmitidas como un legado a las generaciones venideras.

La madurez es la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción. Es la voluntad de posponer pacientemente el placer inmediato a favor de un beneficio a largo plazo. Comprende la habilidad de sacar un proyecto o una situación adelante, a pesar de una fuerte oposición y/o de retrocesos decepcionantes.

Son admirables aquellas personas maduras que poseen la capacidad de encarar disgustos y frustraciones, incomodidades y derrotas, sin queja ni abatimiento; siendo lo suficientemente humildes como para decir “me equivoqué” y cuando se está en lo correcto, no necesitan la satisfacción de decir: "Te lo dije".

Mientras las personas inmaduras pasan sus vidas explorando posibilidades, para al fin no hacer nada; los que muestran un alto grado de madurez tienen la capacidad de tomar una decisión y sostenerla.

Los inmaduros son maestros de la excusa, son los confusos y desorganizados, sus vidas son una mezcla de promesas rotas, amigos perdidos, negocios sin terminar, y buenas intenciones que nunca se convierten en realidad. En cambio, los seres humanos que alcanzaron cierta madurez transmiten confiabilidad, mantienen la propia palabra y superan las crisis.

La madurez es el arte de vivir en paz con lo que es imposible cambiar.

Es sorprendente cómo celebran nuestros jóvenes la llegada de sus dieciocho años: emborrachándose, fumando, con grandes fiestas, frecuentando lugares del todo impropios. Se presentan como adultos en la sociedad rompiendo sus leyes.

Por el contrario, cuando un joven aborigen de la tribu Maui de las islas del Pacífico llega a la mayoría de edad, las cosas son diferentes. Se le somete a una prueba para comprobar si es realmente maduro, adulto, y capaz de llevar una vida responsable y de formar una familia.

El joven tiene que construir una piragua con sus propias manos y navegar, totalmente solo, por más de 500 kilómetros de mar abierto hasta una lejana isla, de la cual debe traer una flor exótica de vuelta a casa. Debe sortear todo tipo de peligros.

Si los jóvenes en la sociedad occidental están tan lejos de ser adultos, ¿no será porque con frecuencia los adultos les dificultamos madurar?

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