“Este es el significado del verdadero amor, dar hasta
que duela.” (Teresa de Calcuta)
Comenzamos este pequeño ensayo con una cita de la Madre Teresa
porque la generosidad es la virtud de la que muy poco se habla y sin
embargo es la que consciente o inconscientemente más se practica y
está a la vista de todos, especialmente en los hogares, en las
escuelas y en las instituciones de bien público.
Los padres que dan el sustento y el cuidado a sus hijos, los
hermanos que comparten sus juguetes, los docentes que se brindan de
cuerpo y alma en la educación de sus alumnos, son ejemplos de
generosidad.
Generosidad es dar a otros de lo que uno dispone, es compartir con
los demás lo que se es, lo que se tiene, lo que se sabe y lo que se
hace.
La solidaridad, el cooperativismo, la bondad y el servicio están
íntimamente unidos a la generosidad, formando un excelente equipo de
valores listos para levantar a una sociedad de cualquier clase de
contratiempos y dificultades.
La generosidad se aprende desde niño, sin embargo nunca es tarde
para comprender la importancia de ejercitarla, porque una vida
generosa está llena de satisfacciones internas que son imposibles de
suplantar con bienes materiales, conocimientos o fama.
La vida es como un boomerang y tarde o temprano todo lo que lanzamos
(damos con generosidad) vuelve a nosotros, sin siquiera esperar
retorno alguno.
Quizá uno pueda pensar que “dando sin límites se vaciará sin
límites”, pero existe una ley natural en el universo que dice que
todo lo que se comparte se multiplica. Es como la presión del aire
que cuando se crea un área de baja presión, entonces el aire de alta
presión de su alrededor se precipita desde todas las direcciones
para llenar el vacío. Así pues, dando a los demás y olvidando lo que
hemos dado, creamos un vacío en nosotros que se llenará naturalmente
desde todas las direcciones. Por lo tanto podemos decir que “quien
da sin límites recibirá sin límites”.
Finalmente podemos reflexionar acerca de cómo dar, qué dar, cuánto
dar, cuándo dar y a quién dar. Para ello contamos con nuestra
conciencia y con el sentido común (dos importantes aspectos de
nuestro ser interior) los cuales nos orientan y permiten que tomemos
la mejor decisión posible a la hora de dar generosamente. No se
trata de dar lo que “nos sobra” o lo que “nos conviene”, pues la
generosidad, como virtud propiamente dicha consiste en dar
desinteresadamente.