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La vida de fe no depende de la realidad concreta,
visible y tangible de este mundo físico, sino que tiene que ver con
las realidades invisibles e intangibles del espíritu, del alma y/o
de la mente.
Todos los días tenemos que enfrentarnos a asuntos prácticos durante
nuestro transitar por esta tierra. La vida de fe es hacer un uso, ya
sea consciente o inconscientemente, de las leyes que eventualmente
se manifiestan en forma de milagros, resultados o hechos asombrosos
e increíbles, pero ciertos. Tal como expresa la conocida frase: “Yo
no creo en las brujas pero que las hay, las hay”.
La práctica de la Fe es diferente a utilizar sólo la lógica o los
métodos puramente científicos, sin embargo, las leyes que rigen el
valor de la Fe son tan válidas como las otras leyes más comunes y
generalmente aceptadas. Se pueden observar los resultados de la Fe
en muchos casos, tanto en nuestras vidas como en la de quienes nos
rodean.
La Fe es una maravillosa combinación de seguridad, convicción,
certidumbre, confianza, positividad y optimismo. La Fe en acción
produce resultados que dejan atónitos hasta al más escéptico de los
seres.
Por ejemplo, la aplicación práctica y útil del fuego, de la
electricidad, del magnetismo, la maravilla de la tecnología de las
comunicaciones -desde la radio hasta Internet- son, de alguna
manera, manifestaciones de la Fe depositadas por seres que tuvieron
la seguridad, la certidumbre, la confianza, la positividad y el
optimismo en su justa medida e hicieron posible una mejor
convivencia entre los seres humanos.
No deberíamos confundir la verdadera Fe con la ingenuidad, la
ignorancia, la superstición o el fanatismo. Se requiere
discernimiento y una mente amplia capaz de enfocarse en el bien
común de la gente sin distinciones de razas nacionalidades o
estratos sociales. Debemos reconocer que muchas veces sólo los
resultados a corto o largo plazo muestran si una acción estaba
motivada o no por una fe auténtica.
¿Cómo desarrollar la Fe? El primer paso es detenerse a pensar y
meditar sobre lo maravilloso y misterioso de la existencia de todas
las cosas, el segundo es reconocer nuestro limitado poder de
razonamiento para comprenderlo todo, reconocer que somos seres
fenomenales, y que actúan leyes muy potentes en el universo. Nuestra
mente también tiene un inmenso poder de hacer que se hagan realidad
nuestros anhelos más profundos. Conocernos a nosotros mismos es otro
paso importante para que desarrollemos la fe, primero en nosotros y
luego en los demás.
La fe, como todas los valores y virtudes, tiene sus estratos o
niveles que se van ampliando desde el nivel individual (fe en uno
mismo), pasando por el nivel de pareja, familia, sociedad, nación y
mundo hasta la Fe en Dios. La creencia en Dios es una cosa, tener Fe
en el Creador es otra, ésta última trae resultados concretos y ha
sido demostrada ampliamente y confirmada en la historia a través de
hechos y milagros sorprendentes de personas de Fe registrados en
todo el mundo.
Finalmente, quienes transitamos por el camino de la Fe, en sus
diversas y múltiples manifestaciones, anhelamos alcanzar un objetivo
esencial en común: la felicidad. Existen muchos caminos hacia tan
anhelada meta, incluso la felicidad misma puede ser considerada el
camino y no un fin en sí mismo. Entonces podríamos preguntarnos:¿por
qué no dejamos que cada cual vaya por su propio camino en la
búsqueda de la felicidad y la alegría? Surge un pequeño problema, no
todos los caminos llevan a la felicidad y la alegría duraderas, es
por eso que debemos ayudarnos mutuamente, aprender, dejarnos guiar,
educar y educarnos, pues, necesitamos el discernimiento, la madurez
del carácter, la mente amplia y la inteligencia suficientes para
elegir el camino más certero. Nosotros en este taller hemos elegido
el camino de los valores y las virtudes, en donde la Fe es uno de
ellos y deseamos que crezca en nuestro interior y en todos los
niveles.
Tenemos Fe en que este camino nos llevará hacia la Felicidad y la
Alegría duraderas. Admirable ¿Verdad? Hay que tener Fe para ello.
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