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Valores y Virtudes = Semillas y Frutos
"Decir valores y virtudes es como
decir semillas y frutos".
Podemos hablar de paz, amor, igualdad, libertad, felicidad, etc.
pero hasta que dichas palabras no estén encarnadas y
substancializadas en acciones concretas entonces dichas palabras son
y permanecen como valores deseables para la sociedad, semillas que
esperan ser plantadas y crecer en el corazón humano. En cambio las
virtudes son precisamente los frutos, producto de la puesta en
práctica de dichos valores. Una persona virtuosa es aquel que
encarna los valores de la verdad, el amor, la paz, la bondad, la
humildad, etc, etc, etc. Mientras más virtudes conscienticemos y
pongamos en práctica a lo largo de nuestras vidas, más virtuosos
seremos.
Cada valor (o semilla) deberá pasar por las "tres etapas de
crecimiento" (formación, crecimiento y madurez) y por la prueba de
las "ocho etapas o niveles" (individuo, familia, tribu, sociedad,
nación, mundo, cosmos y Dios), es decir, debe abrazar a la TOTALIDAD
para que sea considerado un valor absoluto y por consiguiente una
virtud absoluta.
Esta comprensión de los valores y las virtudes resuelve el problema
de la relatividad y podemos emprender con confianza el camino de la
puesta en práctica de todos los valores y virtudes que descubramos
en nuestras vidas y a nuestro alrededor.
El eje que atraviesa y abraza todos esos niveles es el amor
verdadero, el cual puede definirse como la capacidad de servir y dar
alegría a los demás. Por ejemplo, cuando estoy practicando tal o
cual valor, debo hacerme la siguiente pregunta ¿Estoy sirviendo y
dando alegría a la familia, a la sociedad, a la nación, al mundo y a
Dios al mismo tiempo? Si la respuesta es sí, entonces estoy haciendo
de ese valor un valor absoluto y estoy encarnando tal o cual virtud.
Juan Eduardo Varga |