¿Existe un valor que generalmente no hemos percibido?

 

Para el ser humano siempre han existido cosas valiosas, tanto en lo utilitario como en lo espiritual y lo religioso.


La filosofía de los valores tiene sus antecedentes desde épocas ancestrales, significando, según distintos criterios de acuerdo al espacio y tiempo en que se actúa.


Los valores son productos de cambios y transformaciones a lo largo de la evolución integral y la historia.


Es en la mente y en el pensamiento donde se aprecian y cobran forma el significado de los valores.


La moderna neurociencia está develando los procesos estructurales, moleculares de transmisión anatómica y farmacológica de los valores como los espirituales, los del amor, los religiosos, entre otros. En regiones del cerebro anida cada uno de estos valores, o sea, donde el Supremo Hacedor asignó como punto de arraigo en el Sistema Nervioso Central para luego irradiarse y manifestarse tras un largo y complejo trayecto interno, en forma consciente en la compleja personalidad de un individuo.


No existe una ordenación unánime de los valores, las jerarquías valorativas son cambiantes como lo mencionara, en otras palabras, algunos varían según el contexto vital y social de la época.


Estimo que existen valores prioritarios y eternos; como valor máximo lo siento a Dios: creador y ordenador del Cosmos y del Microcosmo.


Un valor motor universal es el amor, sentimiento éste de gran amplitud e intensidad que todos lo percibimos intensamente cuando lo necesitamos o cuando se nos aleja. De no existir el amor, nuestra vida pierde todo sentido al ser un sentimiento primigenio que proviene del inconsciente colectivo universal y se expresa de diferentes modos de acuerdo al estado de ánimo y el momento de quien lo procesa. Todo depende del "cableado" neurológico y de la secreción de mediadores químicos de los que Dios dotó al hombre para que actuara en libertad.
Todos los procesos mentales, ensamblados por Dios, los son estudiados por la neurociencia y que dan lugar a los más excelsos pensamientos creativos y resolutivos, sustanciales y espirituales, incluyendo los principios morales, los valores, el sentimiento religioso, derivan y son complejas operaciones del cerebro. Estas operaciones del cerebro son dinámicas, y cambiantes; contra lo que comúnmente se cree existen transformaciones valorativas que se producen durante todo el ciclo vital: desarrollo, infancia, juventud. De la misma manera el cambio continúa en la edad adulta y en la propia senectud.


La neurociencia nos muestra que al igual que en otras épocas de la vida, el provecto puede adquirir e introyectar o, despertar de su inconsciente otros conocimientos y actividades que nunca había realizado.


El cerebro es una compleja estructura con un infinito repertorio de mecanismos que inician su marcha desde el momento mismo de la concepción, donde el proyecto está integrado a todo el ser, que prosigue su construcción y reconstrucción en forma constante durante todo el arco vital, sin alcanzar una forma o función estable definitiva hasta el pasaje al mundo espiritual.


Por los resultados del estudio de la neurociencia nos enteramos que, al igual que cambia nuestra piel, nuestro cabello o el conjunto de nuestro cuerpo, (que puede ser para bien, según las exigencias a las que lo sometemos) así cambia con el tiempo nuestro cerebro al que no debemos dejar “descansar” así produce variaciones de entidad en nuestra conducta, principios, todos los procesos mentales de nuestra conciencia hasta el momento último de llegada a la cima de nuestra vida.


Como vemos, el cambio cerebral neurológico, espiritual, afectivo, es otro valor que generalmente no tenemos en cuenta, aunque es de primer orden para nuestro completo desarrollo existencial terreno.

Aulo García Coronel

 

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