Un viejo cacique de una tribu estaba
teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida.
Él les dijo: "¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!... ¡es
entre dos lobos!
"Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor,
avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad,
mentiras, orgullo, egolatría, competencia, superioridad.
"El otro es Bondad, Alegría, Paz, Amor, Esperanza, Serenidad,
Humildad, Dulzura, Generosidad, Benevolencia, Amistad, Empatía,
Verdad, Compasión y Fe.
Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes y dentro de
todos los seres de la tierra.
Lo pensaron por un minuto y uno de los niños le preguntó a su
abuelo: "¿Y cuál de los lobos crees que ganará?"
El viejo cacique respondió, simplemente... "El que alimentes
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El paquete de galletas
Cuando aquella tarde llegó a la
vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría
se retrasaría aproximadamente una hora.
La elegante señora un poco fastidiada compró una revista un
paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo
buscó un banco en el anden central y se sentó preparada para la
espera.
Mientras hojeaba su revista un joven se sentó a su lado y comenzó
a leer un diario. Imprevistamente la señora observó como aquel
muchacho sin decir una sola palabra estiraba la mano agarraba el
paquete de galletas lo abría y comenzaba a comerlas una a una
despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto no quería ser grosera pero tampoco
dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había
pasado así que con un gesto exagerado sacó una galleta la exhibió
frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en
su boca y sonrió.
La señora ya enojada tomó una nueva galleta y con ostensibles
señales de fastidio volvió a comer otra manteniendo de nuevo la
mirada en el muchacho.
El dialogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.
La señora cada vez mas irritada y el muchacho cada vez más
sonriente.
Finalmente la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo
quedaba la última galleta. "No podrá ser tan descarado", pensó
mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de
galletas.
Con calma el joven alargó la mano tomó la última galleta y con
mucha suavidad la partió exactamente por la mitad. Así con un
gesto amoroso ofreció la mitad de la última galleta a su compañera
de banco.
- Gracias, dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
- De nada, contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía
su mitad.
Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa
del banco y subió a su vagón. Al arrancar desde la ventanilla de
su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó:
"¡Qué insolente, qué mal educado ser de nuestro mundo!"
Sin dejar de mirar con resentimiento al joven sintió la boca
reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado.
Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente
sorprendida cuando encontró dentro de su cartera ¡su paquete de
galletas intacto!