Fortalecer la fraternidad

 

"Papá, Juan me pegó"; "Mentira, ella me pegó primero"; "Mamá, Paula no quiere prestarme los patines y ella los usó todo el día." Si usted tiene más de un hijo, seguramente habrá vivido situaciones como éstas -u otras similares- que reflejan la clásica rivalidad entre hermanos. Como padre, estos conflictos le resultan frustrantes y agotadores y le preocupa que los gritos, los llantos, las agresiones y los insultos se conviertan en rutina en su hogar.

Aunque la "rivalidad fraternal" es un fenómeno considerado universal y natural en toda familia, si no se maneja a tiempo puede dañar mucho las relaciones y a las personas. Para evitar que esto suceda, usted puede colaborar con sus hijos para que ellos mejoren su relación.

Su ayuda comienza por comprender los factores que desatan los conflictos fraternales. En la mayoría de los casos, los hermanos pelean como forma de competir. Por lo tanto, como primer medida evite alimentar los celos y la envidia entre sus hijos.

Sin advertirlo, los padres solemos "encender" la competencia entre nuestros hijos, a través de nuestras habituales comparaciones. Cuando comparamos quién es el mejor alumno, el más lindo, el más cariñoso, etc... estamos sembrando la semilla de un posible conflicto entre hermanos. Lo mismo ocurre con descripciones aparentemente inocentes, como decir que uno de nuestros hijos es "especial", que la niña es "la reina" de la casa, o que el más pequeño es "el principito". Estas comparaciones, que suelen comenzar en los primeros meses de vida de los hijos (cuando mencionamos quien caminó antes, o quién habló primero), suelen extenderse hasta la adultez (cuando sacamos a la luz cuál de ellos obtuvo más títulos, o consiguió un empleo más estable).

Los niños son mucho más perceptivos de lo que creemos. Un pequeño de apenas un año ya percibe la relación de sus padres con sus hermanos y establece diferencias y similitudes respecto de la relación que los padres tienen con él. Si percibe una brecha en la atención y el afecto recibidos, es muy posible que genere hostilidad hacia un hermano, que desatará futuros conflictos. Esta percepción comienza el día en que llega un nuevo hijo al hogar. Como un bebé absorbe mucho a los padres (así como a los tíos y abuelos), los hermanos mayores se sienten desplazados. En este caso, además de evitar las comparaciones o los halagos diferenciales, es fundamental que los padres equilibren la dedicación a todos sus hijos y ofrezcan un tiempo exclusivo a cada uno.

Otra medida fundamental para mitigar la rivalidad, es brindar recursos. Es importante que cada uno de sus hijos disponga de su espacio individual, tanto físico como de tiempo. Por más que usted desee cultivar la unión entre hermanos, comprenda que -a veces- preferirán estar separados. Por lo tanto, procure que cada uno tenga un lugar donde jugar, juguetes propios, pueda estar con amigos sin tener que llevar a su hermano y experimente privacidad e independencia.

Desde luego, las peleas entre hermanos muchas veces se generan por motivos que nada tienen que ver con el comportamiento de los padres. Pueden desatarse por otras muchas causas, como diferencias de edad, de sexo, de experiencias vividas fuera del hogar, de logros escolares, etc... En estos casos, a un padre le costará más prevenir los conflictos y es probable que llegue cuando ya se desató la pelea... ¿Qué puede hacer usted si llega a su casa y sus hijos ya están peleando?

Como primer medida, no se apresure a establecer un juicio sobre lo sucedido, hasta tanto no hablar con todos los protagonistas. Es muy común que un padre intervenga en una pelea entre sus hijos diciendo ¿Quién empezó? Esta pregunta encierra la búsqueda de un culpable y puede basarse en un juicio prematuro de la situación. Tenga en cuenta que para pelear se requieren dos, por lo que todos los involucrados son responsables.

A menos que haya visto cómo se desencadenó la pelea y cuente con elementos para tomar partido, no se coloque del lado de ninguno de sus hijos. Por más que sienta debilidad hacia alguno de ellos (por ejemplo, hacia el menor) no le defienda. Si usted adopta esta posición, el mayor se sentirá desprotegido y el menor pensará que puede salirse siempre con la suya. Mantenga distancia y permita que ellos mismos resuelvan sus diferencias.

Cuando decida intervenir en la pelea por alguna razón (por ejemplo, porque hubo un daño físico, o alguno de sus hijos corre peligro) procure resolver el problema junto a sus hijos, en lugar de resolverlo por ellos. Es decir, comprométalos en el manejo de la situación. Si están peleando por un juguete y uno dice que lo tuvo primero y el otro reclama que es su turno, sencillamente tome el juguete y dígales que ninguno podrá jugar, hasta que no lleguen a un acuerdo para compartirlo.

No intervenir no significa que usted deba ignorar el conflicto, o taparlo. Ante los insultos, las quejas y las agresiones entre hermanos, es común que un padre diga "Termínenla", o decida él mismo dar por terminado el episodio repartiendo castigos. Estas acciones sólo esconden las causas que dieron origen al conflicto y alimentan el resentimiento entre hermanos. Naturalmente, usted desea que la paz retorne lo antes posible, pero necesita lidiar con la situación y no "barrer debajo de la alfombra". Para ahondar en los motivos que dieron origen a la pelea, permita que sus hijos expresen sus sentimientos. Siéntese con ellos e investiguen juntos las causas del conflicto, ayúdeles a expresar sus frustraciones o demandas y oriénteles para que se comuniquen sin insultos, violencia, ni gritos.

Establecer reglas es otra forma en la que usted puede prevenir y contener las peleas entre sus hijos. Una regla con consecuencias claras y consistentes, puede evitar muchos conflictos. Para fijar reglas en su hogar, usted primero necesitará identificar los "disparadores" habituales de la rivalidad. Por ejemplo, si sus hijos pelean todos los días por el control remoto del televisor, establezca un horario en el que cada uno pueda utilizarlo. También puede fijar reglas en cuanto al manejo de las diferencias: decirles que pueden discutir en tanto no se peguen, no griten, no rompan cosas, no se insulten, humillen, ni burlen. De esta forma, sólo les dejará espacio para que entablen una conversación civilizada! En la creación de reglas, es muy importante que brinde un espacio de participación a sus hijos, ya que se sentirán más comprometidos a respetar condiciones que ellos mismos contribuyeron a crear.

Estas recomendaciones le ayudarán a prevenir y a manejar la rivalidad entre sus hijos, pero de nada servirán si no van acompañadas de una permanente educación y ejemplificación. El ejemplo que usted y su pareja brinden es fundamental, porque la forma en que los padres resuelven sus conflictos, condiciona la manera en que los hijos resolverán los suyos. Si usted grita a sus hijos o a su pareja constantemente, no se extrañe si ellos se gritan entre sí! De la misma manera, si tiene una relación distante -o conflictiva- con sus hermanos, sus hijos pueden tomarla como modelo. Comprenda que ellos aún no han madurado lo suficiente para tomar decisiones por sí mismos. Como niños -y adolescentes- necesitan la ayuda de sus padres, para aprender a convivir con otras personas respetuosa y armoniosamente.

Es comprensible que las peleas entre sus hijos le resulten insoportables -como a todo padre-, pero comprenda que ellas pueden representar una buena oportunidad para enseñarles a resolver conflictos, a respetar a otra persona, a compartir y a comunicarse y relacionarse de forma madura con un "igual". También sirven para que sus hijos reflexionen sobre la importancia de la relación fraternal y comprendan los beneficios que cosecharán de ella cuando maduren.

Como padres, uno de los mayores legados que podemos dejar a nuestros hijos es que aprendan a amarse, a apoyarse y a contar el uno con el otro. Ayudémosles a fortalecer su relación fraternal y estaremos dejándoles como herencia una familia indestructible!

Fuente: http://www.efectividad.net



 

Home - Contacto - Objetivos - Participa - Links - Newsletter